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jueves, 12 de abril de 2012

Un increible viaje express: Chile

Los andes desde el avión
Aunque me gustaría haber disfrutado de la semana santa entera de vacaciones he de reconocer que esta visita al país vecino de Jueves a Sábado santos ha sido una muy agradable sorpresa. Primero porque tenía visitas de España que me acompañarían en esta pequeña aventura, y segundo porque me ha parecido una experiencia muy agradable.
Después de pasar la noche en el estadio de River, el día del gran temporal que desoló Buenos Aires, nos levantamos bien temprano para cruzar los andes en un pequeño avión de Austral, que con muchas turbulencias, nos dejaba en Santiago de Chile a primera hora de la mañana.
La primera gran noticia es el Hostel Rado, un pequeño hostel completamente nuevo, y que parecía destinado para nosotros, ya que estaba exquisitamente decorado con murales de los más grandes grupos de rock de la historia pintados por los propios dueños, pero como no podía ser todo perfecto nos tocó la habitación Madonna, pero la atención y las instalaciones hacen de él el mejor en el que haya estado nunca.
Muai de Isla de Pascua en Viña del Mar
El primer día lo dedicamos a conocer lo más importante de la capital, empezando por la casa de Pablo Neruda "La Chascona" y terminando en la preciosa Plaza de Armas en la que desde predicadores al más puro estilo Candem Park hasta amantes del Hula Hoop disfrutaban de una preciosa tarde de jueves santo.

Mural de Pink Floyd en el hostel
Se respiraba otro aire en Santiago que falta en Buenos Aires, esas calles ordenadas, poder cruzar los pasos de cebra sin tener miedo a que te atropellen, o montarte en un metro totalmente moderno, son cosas que se valoran una vez has vivido un tiempo en la capital Argentina, pero que no cambio por nada del mundo.
Para finalizar el día que mejor que compartir unas copas de ron con amigos y con la gente que te encuentras en el camino para compartir las vivencias del día.
Vista desde el Cerro San Cristobal
En el día 2 del viaje cambiamos de tercio y nos fuimos a la costa,no sin antes  negociar un buen precio por el autobús hacia Valparaiso con el personal de una empresa de turismo que quiso hacer el agosto con nosotros.
En Valparaiso no tuvimos tiempo de disfrutar de la ciudad a nuestro aire, y solo pudimos apreciar desde el autobús la belleza de los cerros poblados por mil casas de colores y desembocando en el inmenso océano Pacífico que contemplaba por primera vez en la vida.
Sin tener tiempo de poner un pie en la ciudad nos trasladan a Viña del Mar, que no tiene el encanto de Valparaiso pero tiene mucho atractivo sobre todo porque es la zona de las playas y como curiosidad se puede visitar un Muai de la isla de Pascua traído hace unos años a petición de un presidente del país.
Pero sin duda el momento que estábamos esperando, dos valientes nos atrevimos a probar las gélidas aguas del pacífico (12 grados) cuando el sol ya se ponía , pero ahí queda eso, primer baño en el Pacífico de nuestras vidas. Inolvidable.
Primer baño en el Pacífico
Ya con el cansancio acumulado tomamos un autobús hacia Santiago y dimos el día por terminado, no sin antes intentar probar la fiesta santiaguesa, sin mucho éxito ya que al parecer el viernes santo no es un día de celebración.
El último día quisimos tener una última foto de la ciudad y nos subimos al Cerro San Cristobal en un funicular que utilizó el mismísimo Papa Juan Pablo II y contemplamos la ciudad por última vez.
Hasta pronto Chile, volveré antes de lo que crees.

martes, 28 de febrero de 2012

Aventura Uruguaya: Crónica de un desastre

Los pasados carnavales 2012 decidimos hacer una escapada de 5 días a la costa Uruguaya con ánimo de recorrerla y conocer cada uno de sus rincones desde Montevideo hasta Chuy con la frontera con Brasil en nuestro bonito coche de alquiler pero nada salió como estaba planeado y se convirtió en una gran aventura, que no agradable.
En el mismo buquebus que nos llevaba desde Buenos Aires a Colonia nos enteramos de que la empresa de alquiler de coche decía no saber nada de nuestra llegada y que lamentablemente no podríamos alquilar el coche que íbamos a recoger en Montevideo, y dadas las fechas nos fue imposible buscar una solución con el resto de empresas que había allí. Solución: Billetes de autobús Montevideo -Punta del Diablo, en Rutas del Sol sin asiento en un trayecto de 4 horas en el pasillo del micro. Buen comienzo
fotos del escorpión negro El nombre del Hostel no indicaba nada bueno " Carabanchel" y nada más llegar a las 5:00 a.m nos dimos cuenta que en vez de hostel era un boliche de 24 hours party people con lo que en vez de dormir nos tuvimos que tomar un par de cubatas para hacer tiempo a que pararan la música y poder descansar en nuestra maravillosa cabaña.
El día siguiente pudimos disfrutar bien de Punta del Diablo, día soleado, grandes olas y el placer de estar en el agua y que en cuestión de segundos el cielo se nuble, y empiece a caer la lluvia...sin palabras!
Para comer, unos buñuelos de algas típicos del lugar y vuelta al hostel para descubrir que teníamos goteras en la cabaña y nos tuvimos que cambiar a "la mansión" que más que mansión parecía un establo y en la que deshaciendo las maletas nos encontramos con un compañero de habitación, un escorpión!
Para olvidar las penas, una botella de Havana Club para compartir entre amigos con música en directo hasta altas horas de la mañana.
Al día siguiente la frustración por no tener coche aumentó al ver los horarios de autobuses que unían Punta del Diablo con el resto de pueblos de la costa por lo que nos quedamos otro día entero de playa, jugos naturales y cerveza fría entre las dunas de Punta del Diablo.
Cabo Polonio
El lunes de carnaval decidimos hacer la única excursión del viaje con una cabalgata desde Valizas hasta Cabo Polonio a través de la costa que pretendía ser algo idílico e increíble, pero durante las 3 horas que duró cayó la "tormenta perfecta" con viento granizo y frío que terminó con nuestros ánimos y con mi cámara de fotos que murió ahogada en mi mochila. No pudimos disfrutar de Cabo Polonio como queríamos y en cuanto pudimos nos escapamos en un taxi en busca de una ducha caliente reconstituyente que nunca encontramos ya que el último día del hostel no tuvimos ni luz ni agua para que el final no defraudara.
Terraza en Punta del Diablo
Sin más llegamos a Montevideo y nos homenajeamos con un gran asado en el Mercado del Puerto y dimos por cerrada la aventura.
Tengo que darle otra oportunidad a Uruguay, porque la gente, el paisaje y la zona lo merecen, pero el primer intento fue fallido.
Besos y abrazos

Miguel