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miércoles, 28 de agosto de 2013

Colombia: El riesgo es que te quieras quedar

Cienpies del Tayrona
Lo bueno de llevar casi dos años en Argentina, es que se amplía el abanico de destinos para viajar, ya que durante mi primer año procuré hacer los viajes más populares de la región como Iguazú, El Perito Moreno o Perú. Aprovechando la oportunidad de que tenía varios amigos en Colombia, me decidí a hacer una escapada de 10 días para conocer una pequeña parte de ese maravilloso país sudamericano. La verdad es que las referencias no podían ser mejores, tanto por parte de mis amigos colombianos como de las personas que habían estado allí de turismo, así que partí de Ezeiza con unas expectativas bastante grandes.
Llegada al Tayrona
Después de un vuelo bastante duro, y sobre todo una eterna noche en el aeropuerto aterricé en El Dorado, comprobando que el clima en Bogotá no tenía nada de caribeño, sino que me recibió un cielo gris y una temperatura poco distante del Buenos Aires invernal que dejaba atrás.
Por suerte en horas me encontraría volando a la primera parada de mi viaje: Santa Marta. Una pequeña población turística situada a orillas del Mar Caribe y cuyo mayor atractivo es el Parque Natural del Tayrona.
Cabo San Juan
Nada más poner un pie en Santa Marta te das cuenta que estás en El Caribe, calor, humedad y un espléndido mar celeste te saludan.
Despúes de reponer fuerzas en el hostal, con un par de cervezas Aguila y un bañito en la piscina, nos fuimos a descansar.
A primera hora tomamos una especie de autobús destartalado, en el que un vendedor de tickets va literalmente colgado de la puerta preguntando a la gente en la carretera si quieren viajar con ellos, y la experiencia fue bastante peculiar ya que tienes que ir gritando donde te quieres parar al no haber zonas establecidas para ello. Nos bajamos, desayuno de los campeones con unas buenas arepas y un jugo de guanabana y hacemos nuestra entrada en Tayrona.
Cartagena, de noche
Una vez que pagas religiosamente tu entrada como no residente, es como entrar a otro mundo, como si te colocaran directamente en un safari salvaje o te encontraras como el protagonista de The Last Survivor. A partir de aquí, arañas multicolores, cangrejos terrestres, cienpies gigantes, o lagartos serán nuestros compañeros de caminata. Es increible notar el silencio total, solo el mar, los pajaros y demás habitantes de la selva se dejan escuchar.
Playa Blanca, Islas del Rosario
Después de una larga caminata de dos horas bajo un sol de justicia, sin agua y con las mochilas a cuestas, encontramos un camping a orillas de la playa donde nos instalamos, eligiendo para dormir unas típicas hamacas de la zona por un módico precio. Minutos después nos zambullimos en las transparantes aguas de las playas del Tayrona, cada cual más bonita que la anterior hasta que llegas al Cabo San Juan. Allí te sientes como en el paraiso, es una de las playas más bonitas que he visto nunca. Es poner un pie allí y decir, "lo dejo todo y aquí me quedo".
Oscurece en el Tayrona y a las 21:00 se apagan todas las luces artificiales, por lo que es una de las pocas ocasiones que se disfruta la noche en todo su esplendor. La noche en las hamacas mejor de lo que esperaba, tan solo me despertaban los ruidos de los animales, principalmente caballos que se acercaban durante la noche a hacernos una visita.
Desde Montserrate
Después de aprovechar el día siguiente de sol y playa dejamos Tayrona rumbo a Taganga en una lancha en la que pasé una de las experiencias más increibles del viaje: mar picada, olas de dos metros, la barca saltando entre las olas, la gente gritando y hasta un turista griego me agarraba las piernas del miedo. yo por mi parte disfruté como un enano surcando las olas.
Al día siguiente llegamos en autobús a Cartagena, para disfrutar de la segunda parada del viaje, y con pena por saber que habíamos dejado atrás un auténtico paraiso terrenal.
Cartagena es una ciudad bonita, bastante pintoresca, con un casco histórico importante con muchos vestigios de la colonización española. Es interesante pasear por sus calles e imaginar como era la vida hace 500 años, cuando los cañones de sus murallas defendían la ciudad contra cualquier ataque.
En mi opinión el verdadero tesoro de esta ciudad está unas millas mar adentro. Las Islas del Rosario es un pequeño archipiélago a una hora de distancia en barco en el que te encuentras las típicas postales caribeñas con arena blanca, agua escandalosamente transparente y puestos con zumos de frutas exóticas esperándote.
Nos quedamos todo el día en Playa Blanca, pero si en alguna ocasión puedo volver allí me quedaría una semana entera. Es una auténtica gozada hacer snorkel por cuatro duros y observar la riqueza de sus fondos marinos, tocando peces con las manos sin que se asusten o ver los corales de mil colores.
Después de jugar al Tejo.
Aquí terminaba la aventura caribeña,  tomamos el barco rumbo a tierra y unas horas después aterrizabamos otra vez en Cartagena, con la certeza de que lo mejor del viaje había pasado.
Bogotá, como todas las ciudades sudamericanas es bastante caótica, pero la verdad es que en ningún momento tuve sensación de inseguridad.En sí la ciudad no tiene mucho que ver, destaca el barrio de La Candelaria con la Plaza Simón Bolivar presidiéndola y sobre todo Montserrate, un cerro al que se accede por telesférico y que te ofrece la posibilidad de contemplar la ciudad en todo su esplendor.
Viendo el clásico en El Campin
Pero no todo iba a ser turismo, por suerte, coincidió que se jugaba la final de la liga de fútbol con el clásico entre Santa Fe y Millonarios como plato fuerte a tan solo unas cuadras de casa. Ya con las entradas en la mano, nos dimos cuenta del peligro que conlleva este deporte cuando pedimos una cerveza en un bar y nos dicen que hay ley seca por el partido. Evidentemente esto sería inconcebible en España.
Una vez en el estadio me resultó curioso escuchar las canciones de la grada, ya que eran exactamente iguales (acento argentino y todo) a las que se cantan aquí en la cancha.
Otro de mis momentos favoritos fue jugar al Tejo, el deporte nacional colombiano, una especie de petanca pero con pólvora y explosiones y que para jugar lo único que tienes que hacer es comprar media caja de cervezas como mínimo. I love this game!
Los días pasaban y las vacacions se terminaban, pero antes de irme pude visitar Zipaquirá y su famosa Catedral de Sal, con la que me llevé una grata sorpresa.
Para finalizar, una fiesta muy rockera rodeado de un buen puñado de gallegos, emigrantes en aquellas tierras, brindando con un ron Abuelo de contrabando por las siguientes etapas de nuestras vidas. Salud!
Así la aventura colombiana llegó al final, diez días estupendos que lo único que hicieron fueron darme ganas de volver y visitar El amazonas, El Eje Cafetero o la Costa Pacífica, y sobre todo el Andrés Carne de Res!
Hasta pronto!!

martes, 21 de mayo de 2013

Norte Argentino: Salta y Jujuy

Tengo que reconocer que en estos casi dos años que llevo recorriendo la geografía latinoamericana siempre he lamentado no haber descubierto un poco más los rincones de Argentina, ya que un país de tales dimensiones siempre esconde increibles tesoros, que vas descubriendo poco a poco.
Hasta ahora, había conocido las Cataratas de Iguazú, El Calafate, Bariloche, Córdoba, Rosario y Mar del Plata.
Aprovechando el festivo del 1 de mayo, decidimos hacer un viaje al corazón más profundo de Argentina, el lugar con los restos arqueológicos más antiguos y donde es posible que poblaran sus primeros habitantes: Salta y Jujuy.
De camino a Cachi
Llegamos a Salta de noche y feriado, con lo que prácticamente nos encontramos una ciudad fantasma, llegamos al hostel, y ante la información de que no había ningún lugar abierto para comer algo que no fuese un delivery de empanadas, decidimos arriesgarnos y patear un poco la ciudad, y la verdad que no nos equivocamos.
Cachi.
Plaza 9 de Julio en Salta
La plaza 9 de Julio, completamente iluminada, nos ofecía alguna terraza en la que picar algo mientras contemplabamos la catedral y el cabildo. Después de un  nuevo paseo buscando una peña en la que empaparnos de la cultura salteña, pero sin suerte esta vez, nos fuimos a descansar con la mente puesta en la primera excursión: Cachi.
Para este viaje contratamos un coche para los 4 y la verdad que la experiencia fue increible. Nuestro conductor se llamaba Luis, y en el trayecto nos iba contando diferentes anécdotas de cada lugar, y nos dió las primeras lecciones para mascar bien la coca y evitar así el temido apunamiento, o mal de altura.
Cuanto más te vas adentrando en las montañas, ves como cambia el paisaje, empiezas a divisar los primeros cardones (cáctus para nosotros), te encuentras las primeras llamas, y disfrutas de la sensación de estar absolutamente perdido en el mundo.
Una vez llegados a Cachi, disfrutamos de la gastronomía salteña, con un buen Locro, una especie de potaje, a base de porotos, chorizo y carne.
De vuelta a Salta, y gracias a  la recomendación de nuestro guía, llegamos con tiempo para entrar al Museo de Arqueología de Alta Montaña, en el que se ubica uno de los mayores tesoros de la arqueología argentina y del mundo: las 3 momias de los niños del volcán LLullaillaco, que fueron encontrados en estado de congelación a 6.700 metros altura y que fueron víctima de un rito incaico hace más de 500 años.
En nuestra visita estaba expuesta " la niña del rayo", y la verdad que es realmente increible poder contemplar en perfecto estado una persona que vivió hace tanto tiempo y que simplemente parece una niña dormida.
Cerro de los siete colores.
El día siguiente contratamos una nueva excursión que nos llevaría a la provincia de Jujuy, más al norte del país para visitar la Quebrada de Humahuaca, Purmamarca y la Pucara de Tilcara. Nuetro conductor en esta ocasión se llamaba Walter. Ya en camino, vas observando como cambia el paisaje cuanto más al norte te desplazas, pasando de montañas frondosas a prácticamente desérticas.
Poco antes de llegar a Purmamarca tuvimos un inconveniente y es que un trailer cargado de coches, había volcado en la pequeña carretera que nos llevaba al pueblo. Una hora de espera para que los operarios retiraran el camión ante la atenta mirada de los turistas que se encontraban esperando igual que nosotros. Después de un aplauso generalizado, continuamos rumbo a la quebrada.
Accidente en Purmamarca.
Purmamarca es un pequeño pueblo al pie del Cerro de los Siete Colores, muy pintoresco, que ofrece un agradable paseo y una feria de artesanía exactamente igual a la que te encuentras en cualquiera de los pueblos que he visitado desde Argentina a Perú.
La Quebrada de Humahuaca es la parte más bonita de este viaje, y los paisajes que nos fuimos encontrando eran auténticas postales. Montañas con diferentes texturas y colores, ríos diminutos que transcurren entre las montañas y sobre todo cáctus, la única especie vegetal que nos encontramos en gran parte del recorrido.
Cardones.
Nuestra parada final fue Humahuaca, una bonita ciudad, en la que tuvimos la oportunidad de probar la carne de llama y la verdad, muy recomendable. Después de la comida hicimos nuestra última parada, la Pucará de Tilcara, unas ruinas preincas, que no me sorprendieron tanto como el Machu Picchu, pero son igualmente interesantes.
Viaducto de la Polvorilla
Nuestro último día era en teoría el más esperado, por fin nos íbamos a subir al famoso " Tren de las Nubes". nada más lejos de la realidad, la travesía la disfrutas las 2 primeras horas, y en el momento final de la llegada al impresionante viaducto de la Polvorilla a 4.200 metros de altitud, uno de los más altos del mundo. El resto horas y horas de tren. Si tuviera otra oportunidad había preferido cualquier otra excursión, pero bueno no todos los días se va en tren a casi 5.000 metros.
Para finalizar nuestro viaje y sin la presión de madrugar para irnos de excursión, nos fuimos a la peña más auténtica de la ciudad, La Casona del Molino, en la que la gente se reúne a cantar y tocar la guitarra entre copas de vino y empanadas salteñas. La verdad es que es toda una experiencia ver a familias enteras alrededor de la mesa cantado canciones folclóricas y animando la noche con palmas y acordes de guitarra
criolla.
En general, ha sido un viaje genial, que tenía muchas ganas de hacer y que te da una idea de la verdadera identidad de lo que fue este país antes de la colonización. Muy recomendable.


Hasta la próxima!

viernes, 11 de enero de 2013

Costa Uruguaya 2.0: Una gran aventura

Con la "frago"
Hace aproximadamente un año conocí por primera vez la costa uruguaya y como sabrán los seguidores de este blog, la experiencia fue de todo menos agradable, por lo que siempre tuve en mente darle una segunda oportunidad a esa buena tierra.
El pasado mes de noviembre, 11 locos amigos y yo cruzamos el Río de La Plata nuevamente para vivir una aventura sobre ruedas durante 5 días de playa, asados, fernet y buena música.
Nuestro medio de transporte sería una furgoneta para 12 personas con maletero para dos, pero la buena onda, la alegría y las ganas de recorrer los kilómetros que teníamos por delante hacía que nos olvidáramos de apretones, piernas dormidas y demás incomodidades.
Primera noche en la Playa " Jamaica"
Salimos desde Colonia del Sacramento después de haber compartido unas cervezas a la luz de la luna  y un baño nocturno increíble en una playa que los locales de allí llamaban Jamaica, ya podéis imaginaros el porqué.
La primera parada fue un sitio llamado Casa Pueblo, en Punta Ballena que fue todo un descubrimiento, donde pudimos disfrutar de un hotel 5 estrellas, de sus vistas y de su piscina hasta que la organización nos invitó a irnos muy amablemente.
Casa Pueblo
Continuamos el camino disfrutando de las maravillosas vistas hasta que llegamos a nuestra primera " casa ", una estupenda cabaña en La Paloma, en donde disfrutamos de un increíble asado y  algunos valientes nos dejamos azotar por las olas y la fría agua nocturna de la playa más cercana.
Después de todo el día disfrutando de la playa, con algunas quemaduras y demás anécdotas sin importancia, pusimos rumbo a Punta del Diablo, un pequeño pueblo costero donde teníamos reservada toda una casita para nosotros solos. Sin dudarlo ni un instante alquilamos unas tablas de body y surf  y nos dedicamos a disfrutar de las olas hasta que el sol y nuestros cuerpos helados dijeron basta!. Nada mejor que una buena cena con las delicias marinas del pueblo y una cerveza helada para retomar fuerzas para el día siguiente.
Picnic en la playa
Al día siguiente más playa, mas olas, y más cervezas frías hasta que el sol nos permitió empezar la que sería una de las partes más bonitas del viaje y que teníamos en mente desde que habíamos dejado Buenos Aires días atrás: Hacer caminando la ruta entre Valizas y Cabo Polonio a través de las dunas.
Playas inmensas y casi vírgenes
La caminata empieza en una playa enorme desde la que ya se contemplan las dunas y un pequeño arroyo que algunos cruzaron nadando y los demás en una pequeña lancha previo pago de una cantidad simbólica de dinero. Una vez en marcha el paisaje te envuelve cuanto más arriba estás de las dunas y una vez arriba tienes ante ti una de las postales más bonitas que se pueden ver en la costa uruguaya, con el mar, y la vegetación como protagonistas estelares.
Hay que mencionar que tuvimos un acompañante canino desde Valizas hasta el final del trayecto, pero no recuerdo el nombre que le habíamos puesto.
Duna entre Valizas y Cabo Polonio
A mitad de camino la noche empieza a caer y la puesta de sol nos regala otro momento inolvidable ya con el Cabo de fondo del que solo nos separaban varios kilómetros de playa salvaje, por la que paseando te puedes encontrar pinguinos y leones marinos que fueron arrastrados por la corriente para rematar su viaje en la arena.
Después de unas 3 horas de caminata por fin llegamos a Cabo polonio, ese pequeño pueblo sin luz ni agua corriente que se convierte en un sitio único al que solo se puede acceder caminando o en camiones que hacen la ruta desde un aparcamiento situado a unos 10 kilómetros hacia el interior.
Última noche en Cabo Polonio
En el Cabo conocimos al famoso Pancho y nos alojamos en su entrañable hostel. Con ganas de reponer fuerzas, nos fuimos de cena para probar algunos de los platos típicos del país, como los buñuelos de algas o el famoso chivito al plato.
Para finalizar brindamos con ron a la luz de una hoguera,  (acompañados de la música de un guitarrista que conocimos esa misma noche),  por el increíble viaje que iba tocando a su fin.
Al día siguiente un largo paseo por el pueblo hasta llegar al faro donde vive una importante colonia de leones marinos que ajenos a las miradas de los turistas disfrutan de un día soleado y de las olas que rompen contra las rocas.
El hostal de Pancho
En el viaje de vuelta todos nos íbamos con la sensación de haber disfrutado durante 5 días de esa magnífica costa, y sobre todo de la compañía. A veces las segundas partes sí que son buenas.
Besos y abrazos

martes, 20 de noviembre de 2012

Perú: Maravilla Inca

Desde que pise el continente americano hace ya un año y dos meses, tenía metido en la cabeza hacer un viaje por encima del resto: Perú. Desde hace muchos años tenía ganas de conocer este gran país y sobre todo visitar la Ciudad Inca de Machu Picchu.
El viaje lo empezamos a preparar muchos meses antes debido al reducido número de plazas existentes para realizar el Camino del Inca y el elevado precio de los vuelos que sufrimos en este país. Finalmente y aunque no era la idea principal decidimos visitar solamente Cuzco y realizar el camino del Inca de dos días, por falta de tiempo y días de vacaciones. Pero la experiencia fue igualmente satisfactoria.
Después de horas de vuelo y escalas aterrizamos muy temprano en Cuzco, con ganas de poder llegar al hotel, dejar las mochilas y poder descansar unas horas, pero para nuestra desgracia la habitación no estaría disponible hasta las 12 horas. Caras largas, miradas de sufrimiento, matecito de coca para el mal de altura y....a patear la ciudad.
El hotel, de nombre Virrey Boutique, se situaba en la mismísima Plaza de Armas, que es lo primero que pudimos visitar, y uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad.Presidida por la Catedral de Cuzco, y en la que llama la atención lo bien integrados que están los establecimientos como Mcdonalds o Starbucks, que desde fuera casi ni se identifican, ya que han respetado completamente la arquitectura de la plaza.
Causa de atún.
Después de desayunar como campeones, hicimos un primer recorrido por el casco histórico de la ciudad, en la que a cada dos pasos te encuentras con gente ofreciéndote productos de lo más variado, y que con el paso del tiempo se vuelven realmente pesados: gafas de sol, pinturas, retratos, todo tipo de ropa artesanal, excursiones, joyería, etc.
Para finalizar el paseo matutino, nada mejor que una deliciosa causa rellena, una chicha morada, y unas horas de descanso en el hotel después de casi 24 horas sin dormir.
Esa misma tarde fuimos a conocer el monumento más importante de la ciudad, El Coricancha, un templo incaico dedicado al Sol, y que alberga también el convento de Santo Domingo.
También conocimos un mercado muy particular en el podías encontrar los habituales productos turísticos, pero también todo tipo de comidas, cabezas de vacas, ranas, montones de fruta, carne sin envasar que estaba rodeada de moscas, pero sobre todo a gente comiendo, y es que fueras donde fueras, a la hora que fueras, la gente siempre estaba comiendo. Curiosa costumbre.
Templo del sol.
El resto de la tarde lo dedicamos a comprar provisiones para la gran aventura que comenzaría al día siguiente y muy pronto caímos rendidos en nuestras camas con la mente puesta en un único lugar: Machu Picchu.
Con las alarmas sonando a horas intempestivas, nos pusimos en marcha. Nuestra primera parada fue el pueblo de Ollanta, de donde sale el tren que nos llevaría al comienzo del Camino Inca.
Comienza la aventura
La llegada fue una auténtica locura ya que el chófer entre risas nos comunicaba que habíamos tenido algo de demora y que el tren salía en 5 minutos por lo que nos alienta a abandonar el autobús rápidamente. A la carrera alcanzamos el tren con la tranquilidad de que, por lo menos sí empezaríamos el camino como estaba previsto.
Una vez alcanzado el km 104, nuestro guía, de nombre Nilo, nos esperaba para dar las primeras indicaciones sobre como iba a ser el recorrido hasta que, por fin, comenzaba la aventura.
Los 13 kilómetros que dura el "paseo" son un auténtico regalo para  los sentidos, saber que estás caminando por donde hace 500  años un imperio dominaba buena parte de América Latina, siguiendo sus pasos, y observando las ruinas de lo que un día fue una gran civilización.
Wiñaywayna
Llama en Wiñaywayna
El recorrido es duro, son 13 kilómetros de continuas subidas sobre escaleras construidas sobre la montaña, el calor es un mal enemigo, y sobre todo la mochila a cada paso que das pesa más. Pero aun así nada empaña las maravillosas vistas, que te hacen querer sacar una foto a cada paso que das, pero que nunca la cámara recoge exactamente lo que tu estas viendo, por eso a pesar de haber visto mil fotografías, en persona te quedas sin palabras.
Después de visitar varias ruinas, saludar a cuantas llamas nos encontramos, llegamos a la Puerta del Sol o Inti Punku, que es el primer punto del camino en el pudimos contemplar el motivo por el que nos encontrábamos allí, ahí estaba, imponente, la gran ciudad Inca de Macchu Picchu.
Machu Picchu desde la Puerta del Sol
El primer día de la aventura había finalizado, pero en el poblado de Aguas Calientes pudimos disfrutar de otra de las maravillas de este país, la gastronomía. En la cena nos atrevimos a probar el famoso Cui, una especie de rata de campo, que se suele comer en grandes celebraciones, y la carne de alpaca, que no sabe muy diferente a un filete de ternera.
Objetivo cumplido
Al día siguiente, tocaba la visita guiada a Macchu Picchu en la que aprendes un poco más sobre la civilización Inca, su origen y su final y sobre todo disfrutas de los maravillosos paisajes que ofrece en conjunto con las imponentes montañas que las rodean. Una de ellas el Waynapicchu, sería el siguiente reto que nos encontraríamos.
Solo mirar hacia arriba y saber que tienes que caminar hasta la cima por escaleras diminutas, con un sol de justicia sobre tu cabeza, te preguntas si realmente merece la pena, y la respuesta es sí. Llegar es una satisfacción enorme, y contemplar las vistas que ofrece te hacen olvidarte de todas las penas que pasaste para subir. Te deja literalmente sin palabras. La bajada es otra historia, agarrados a las escaleras, una mirada abajo puede ser letal, ya que hay zonas en las que literalmente tienes que ir agazapado y agarrado a la pared.
Desde el waynapicchui
Cui.
El viaje iba llegando a su fin, último día en la ciudad de Cuzco, en el que nos apuntamos a un tour que recorría la ciudad, pero que debido a la desorganización y a nuestro cansancio abandonamos por una cerveza fría y una buena comida en un restaurante llamado Dragon´s Palate, sin saber ingenuos de nosotros que un pobre hombre nos esperaba en el siguiente punto de encuentro del City Tour preocupadísimo por nuestra ausencia.
Últimas fotos, últimos recuerdos, enviamos unas postales a España, un pisco para celebrarlo y fin de la aventura.
Ha sido uno de los viajes más fascinantes que he disfrutado y siempre me quedará la espinita de no haber podido adentrarme durante 4 días en las montañas sagradas, pero ya se sabe, siempre hay que dejar algo por hacer para volver.
Saludos.

martes, 6 de noviembre de 2012

La Bicisenda : Peligro inminente

Desde que llegué a Buenos Aires, el 21 de septiembre de 2011, solo hay una cosa que ha crecido tanto como la inflación en Argentina: la red de bici sendas ( carril bici para los no iniciados en la jerga porteña). Para los amantes de los paseos urbanos en bicicleta es una gran noticia que te puedas recorrer de una punta a otra esta inmensa ciudad de forma segura y tranquila por esos caminos de ida y vuelta que acompañan las carreteras y avenidas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Aquí tenemos un mapa con la famosa red.
Mapa de bici sendas

El programa " mejor en bici" promueve el uso de este vehículo en una ciudad totalmente sobrecargada de tráfico, que en horas punta convierte en una auténtica odisea, un simple viaje de casa al trabajo.
Puesto de bicicletas públicas
La verdad que la ciudad, es propicia para el uso de la bicicleta, y cada día son más los usuarios de estas vías que van desde ejecutivos con su maravillosa bicicleta plegable, deportistas con su mountain bike, mensajeros con una cesta enorme en la parte delantera, y gente como yo que utiliza una simple playera para desplazarse como buenamente puede.
Hasta aquí todo es bonito y agradable, pero la realidad de estos carriles del demonio es otra:
En una ciudad con unos hábitos de conducción que rozan la locura, es difícil que vehículos como las bicicletas se hagan respetar no solo por los coches y autobuses sino también por los propios peatones, que según mi experiencia es el mayor peligro de todos:

1- Peatones: En esta ciudad los peatones no están acostumbrados a que las bicicletas tengan carriles de uso exclusivo y es rara la vez que antes de cruzar una calle echen un ojo a ver si algún ciclista viene de camino, con lo que más de una vez he tenido que saltar de la bici para no atropellar a un pobre señor que solo quería cruzar.  La cara de susto del individuo va acompañada de un "disculpá, pero no estamos acostumbrados". En los parques existen carriles para bicicleta y espacio para caminantes, pero es normal encontrarte gente paseando tranquilamente por tu carril que ni hace intención de apartarse, faltaría más!


Clásica invasión del carril bici.
2- Contenedores: Por toda la ciudad los carril bici están invadidos de contenedores que invaden  uno de los sentidos de circulación. El peligro en estos casos son las sorpresas que te encuentras detrás de ellos, como gente cruzando corriendo, que no has podido ni ver, una chica escribiendo un sms sin prestar atención  otra cosa que su pantalla, una madre con el carrito del bebé por delante de ella, etc.

3- Mensajeros: Cuando ves venir una bici que por delante ocupa tanto como un coche, es señal para mi de parada y esperar, ya que cualquier movimiento en falso al pasar por su lado significaría una caída asegurada. Pero la verdad es que son dignos de ver.
Carro del cartonero.

4- Los cartoneros: Es normal encontrarte con estos recogedores de cartón con sus enormes carros merodeando los contenedores invasores,  y en más de una ocasión utilizan el carril para estacionar su carro lleno de cartones por lo que o sales a la carretera, o le dices algo, optando siempre por lo segundo por seguridad.

5- Las curvas: Es el momento perfecto que, ante la ausencia de protección divisoria aprovechan los coches, camiones y colectivos para invadir el carril bici, cortando la curva como si del Rally de Montecarlo se tratara, y aún por encima te miran al pasar como diciendo..." andáte a la concha de tu madre"," la carretera es para los coches ".

A pesar de todos estos inconvenientes, circular en bici por esta ciudad es la manera más cómoda y saludable y no lo cambiaría por nada del mundo. Y teniendo en cuenta todas aventuras que llevo pasando, pedalear no podía resultar tan sencillo. Entre otras cosas, mi actual bici es la tercera en un año, tras un abandono y un robo.
Besos y abrazos.




miércoles, 10 de octubre de 2012

La Media Maratón de Buenos Aires: El gran desafío

El ser humano es raro, no cabe ninguna duda. Hasta que llegué a Buenos Aires nunca me había dado por correr carreras populares, hasta que en diciembre del año pasado corrí la San Silvestre de 8K y ahí me empezó a picar el gusanillo. Nunca había imaginado ni en mis mejores sueños que unos meses más tarde podría conseguir terminar una media maratón de 21 largos kilometros.
En el asado preparatorio
Mis amigos Imao, Lolismo, Piloto y yo  nos decidimos a apuntarnos para obligarnos a entrenar duramente durante las semanas previas al evento, sabiendo que no era una prueba cualquiera, y que sin tener un poco de práctica terminarla iba a ser una misión casi imposible.....bla bla bla. Finalmente pasan los días y en todo un mes solo había salido a correr dos veces y el recorrido máximo había sido una hora. La primera parte de la misión había fracasado.
Largada
El día previo al maratón, que mejor preparación que un gran asado entre amigos donde los choripanes, la cerveza y la sangría abundaban, echando por tierra las pautas de última hora de hidratación y alimentación  que son necesarios para afrontar este tipo de pruebas, pero que sirvió para llenarnos la moral y decirnos a nosotros mismos....yes we can!
Como buenos runners decidimos que lo mejor para motivarnos y no caer en depresiones pre maratón, y evitar frases como, "que coño hago corriendo 21 km cuando podría estar en un boliche", "no entrené lo suficiente", " yo os espero en la meta sacando fotos", sería juntarnos en una casa para cenar, dormir y desayunar todos en amor y compañía y llegar " con todo" a la largada de las 7:30 a.m en los Bosques de Palermo.
Conseguido!
Así que, después de una ensaladita de pasta para coger energías, una sesión de cine con Invictus como película motivadora  cuya frase de " I am the captain of my soul, I am the master of my fate"
 sirvió para darnos el último aliento, nos fuimos a dormir con la única idea de cruzar la ansiada meta.
Suenan las alarmas y al mirarnos las caras sabíamos que las horas de sueño no habían sido suficientes, pero después de un desayuno de campeones, las últimas consignas y los preparativos nos metimos en la Farraneta  llenos de moral y energía para afrontar nuestro gran reto.
Como no podía ser de otra manera, llegamos con la carrera ya empezada, corriendo de un lugar a otro buscando la consigna, los baños, y el punto de partida de la carrera hasta que por fin....todo comenzó.
Durante los primeros dos kilometros corrimos los 4 juntos, cada uno a lo suyo, respirando, alguna foto, primeros gritos de aliento por parte de los voluntarios que nos acompañaban durante toda la carrera y sobre todo concentración, y repetirnos a nosotros mismos a cada paso, podemos!
Final feliz!
Pasan los kilometros y el recorrido se hace cada vez más bonito: cruzamos la Av del Libertador, la 9 de Julio, el Obelisco, Plaza de Mayo, los barrios de San Telmo y sin darnos cuenta habían pasado 10 kilometros en un suspiro.
En ese kilometro empiezan los dolores, que aunque no te sientes cansado, te empiezan a preocupar, pensando que si siguen así no podrás conseguir el gran objetivo, pero aprietas los dientes, bebes un poco, aprovechas la fruta que te entregan y aprietas el paso sabiendo que aunque no hay nadie animándote en el recorrido haces tuyos todos los gritos de " dale", "vamos", "ya lo tienes" y entonces ya estas en el kilómetro 15 y los dolores han desaparecido.
Con la mirada vas buscando a alguno de tus amigos, alguna cara conocida que te sirva de aliento para el arreón final y sorprendentemente te vas encontrando mejor y durante los últimos 3 kilómetros aumentas el ritmo y con una felicidad inmensa afrontas los últimos  kilómetros con la sonrisa en la cara sabiendo que la meta esta cerca y que finalmente lo has conseguido.
El último kilómetro  aunque era de los más feos del recorrido es un regalo, ya que quizás es el que más disfrutas. Sprint final, visualizas la meta y entras levantando los brazos como si hubieses ganado la prueba, ese momento amigos, no tiene comparación.
Con mi medalla, mi botella de gatorade, y con mis piernas doloridas busco a mis compañeros de aventura hasta que nos fundimos todos en un abrazo de felicidad por haber conseguido el gran reto. Sin palabras.

viernes, 5 de octubre de 2012

Retiro: Una ciudad en miniatura

Llama la atención a cualquiera que visite esta ciudad y tenga que coger un tren en la principal estación, lo curiosa y pintoresca que puede llegar a ser.
Estamos hablando de uno de los puntos más antiguos de la ciudad y que lleva por nombre Retiro que abarca desde el principal punto de llegada de trenes y autobuses a capital hasta una de las villas miserias más pobladas: la Villa 31, también llamada Villa Esperanza,  aunque nunca entendí realmente por qué.
Tomar un tren en Retiro puede ser toda una aventura y muchas veces es entretenido. Paseando hasta llegar a la estación te encuentras toda clase de gente: trabajadores, vendedores ambulantes, parrilleros, errantes, maleantes, ladrones, familias enteras desplazándose, estudiantes,....
Llama la atención la belleza de la estación, en la que al atravesar sus puertas te da la sensación de volver a los años 40, a revivir el esplendor del Buenos Aires de aquella época, pero que una vez que te montas en el tren, se te olvida rápidamente  y vuelves a la realidad del momento.
Inconfundible el olor a choripán y hamburguesas "recién hechas" de sus calles, la gran variedad de artilugios que puedes encontrar ( desde altavoces, fundas de ipod, pelotas de tenis gigantes, ropa, todo el catálogo de lentes Rayban, y un largo etcétera), la inseguridad inminente que trasmite, sobre todo en horas sin luz solar, gente corriendo hacia diferentes lugares, algún policía, atascos de autobuses, la gran Torre de los Ingleses y sobre todo la presencia de la Villa 31 hacen de este rincón de Buenos Aires uno de los más entrañables y especiales y que personalmente me tiene mucho encanto.
Retiro es como un gran centro comercial abierto de oportunidades lleno de ropa de imitación, que recorren todos los días miles de personas, pero que la gran mayoría de ellas ni siquiera se para un segundo para conocer la "magnífica oferta de artículos".
Es difícil de creer como en un emplazamiento tan céntrico y notable han permitido dejar crecer de forma incontrolable e insostenible a la villa, donde crecen desproporcionadamente las casas asentadas en pisos de hasta 4 viviendas y que se puede apreciar simplemente tomando la autopista o en el trayecto del tren que va a Tigre.
Estas villas funcionan como mini ciudades, en donde puedes encontrar cafeterías, parrillas, supermercados de barrio y, en general, cualquier artículo de primera necesidad. Pero la realidad de estas villas son las calles sin asfaltar, la basura acumulada, casas construidas de forma precaria sin ningún tipo de seguridad, y la sensación de que cuando te acercas a ellas puede pasar de todo menos bueno.

Saludos


viernes, 31 de agosto de 2012

Paraíso blanco: Bariloche

Vista desde Cerro Campanario
Desde que llegué a Buenos Aires, hace ya más de once meses siempre he tenido metido entre ceja y ceja el viaje a la nieve por excelencia que se hace en este país: Bariloche
Desde hace años sabía que era la estación de montaña más famosa de Argentina y que algo muy tradicional es que los jóvenes que terminan el bachillerato hagan su viaje final a esta pequeña ciudad de la Patagonia.
Pues bien, lo segundo queda demostrado nada más pisar sus calles ya que legiones de jovenzuelos ataviados con la misma ropa de nieve recorren sus calles durante el día sin saber muy bien que es lo que hacen.
Puesta de sol en el lago Nahuel
El objetivo de esta escapada era claro, disfrutar un par de días de la nieve, ya que a pesar de que hay muchos más atractivos como visitas a pueblos de alrededor como El Bolsón, Villa Angostura o Cerro Tronador el escaso tiempo del que disponíamos nos obligó a elegir entre agarrar la tabla y los esquís o hacer turismo, y finalmente nos decidimos por lo segundo.

Por suerte el primer día pudimos acercarnos al cerro Campanario y contemplar una de las vistas panorámicas más bonitas del mundo según National Geographic, y la verdad es que te deja sin palabras.
En el pueblo todo es excesivamente turístico, sobre todo los precios, pero vale la pena acercarse a la orilla del lago Nahuel y contemplar la puesta de sol con las montañas nevadas de fondo, o caminar por el centro cívico donde las excursiones de institutos se hacen sus fotos oficiales con pancarta conmemorativa, ver a los pobres San Bernardos explotados durante todo el día para que la gente se haga fotos a cambio de un módico montón de pesos, o darte el gustazo en alguna de las muchas tiendas de chocolate artesanal que llenan la calle Mitre, la más grande y comercial de todo el pueblo.
Por la tarde partido de ida de la supercopa que no me dejó buen sabor de boca, cena express y a descansar  al hostel ya que a la mañana siguiente empezaba  mi personal batalla contra la montaña, la batalla del novato.
Empieza la aventura en Nubes
Con las alarmas sonando a las 6:45 a.m y aún sin estar lo suficientemente despiertos como para apreciar la belleza del paisaje me veo con mi tabla en los pies a punto de descender por una pista roja y mi cuerpo preparado para una infinidad de caídas que no empañarán lo divertido de deslizarte montaña abajo con la tensión de no encontrarte una zona de hielo en la que estrellarme.
Manteniendo el equilibrio
Antes de Bariloche solo había practicado snowboard una vez en mi vida, en una pequeña estación en Sofía, Bulgaria  pero la verdad es que me encanta y me gustaría hacerlo más a menudo si no fuera el auténtico agujero negro para el bolsillo.
Por suerte el tiempo nos acompañó con un sol radiante los dos días de nieve y disfrutamos como enanos bajando una y otra vez las muchas pistas que tiene la estación, pero si tengo que escoger alguna me quedo con la de Nubes, ya que la vista que se obtiene desde lo más alto de la montaña mientras desciendes colina abajo es una de las cosas más bonitas que he visto en mi vida, pena que muchas veces tenía que verla desde el suelo y cogiendo aire y fuerzas para continuar con mi pequeña batalla.
Es curioso como cuando te vas cayendo ves a pequeños de 7 u 8 años dando saltos con la tabla y pasando a  tu lado como si llevaran motor, familias enteras que van como en fila india disfrutando de un día de nieve, el típico profesional que te avisa con un "guardá" que va a pasar haciendo algún mágico giro o pobres diablos como yo que intentan simplemente mantener el equilibrio intentando no matar a nadie en el camino, pero que son igual de felices que el resto.
Con el tiempo conseguí bajar pistas sin apenas caerme pero hay algo que me ganó completamente la lucha, y son los caminos, nunca conseguí terminar uno con los dos pies en la tabla! Maybe next time!
Cerveza de celebración post snowboard
El último día y con una quilmes de celebración en la mano, mirando al cerro prometí volver el año que viene para volver a disfrutar de este pequeño rincón de la Patagonia, y porque no, para ganar mi batalla con esas pistas estrechas del mal.