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viernes, 11 de mayo de 2012

Bolivia: América Latina de verdad

Arbol de piedra
Hace aproximadamente dos semanas tuve la oportunidad, junto a dos aventureros amigos, de hacer uno de los viajes más increíbles que he podido hacer hasta ahora, y no han sido pocos. Durante una semana hemos recorrido una pequeña parte de Chile y varias regiones de Bolivia en lo que ha sido una gran experiencia que voy a compartir con vosotros.
El punto de partida fue plaza Armenia a las 07:00 a.m del 27 de abril y yo tuve la "suerte" de llegar con un taxista que literalmente se quedaba dormido en los semáforos teniendo que despertarlo varias veces hasta destino!
Volamos hasta Calama, en Chile, previa escala en Santiago y a eso de las 22:00 llegamos a un pequeño pueblo en medio del desierto llamado San Pedro de Atacama donde cenamos en un sitio llamado Adobe, unos platos típicos acompañados de un buen pisco para brindar por la aventura.
Termas en mitad del desierto
A las 8:00 de la mañana partimos con jeeps 4x4 en grupos de 6 personas con nuestro conductor asignado, Guido que nos deleitaba con canciones del altiplano en su radiocasete.
A partir de aquí y a cada km que haciamos íbamos descubriendo increíbles lugares y paisajes que te dan la sensación de estar perdido en medio de la nada, lugares en los que no existe nada más que algún hotel cada 50 o 60 km y la verdad es que espero que sea así por mucho tiempo.
Cenando en San Pedro de Atacama
Solo llevábamos unas horas perdidos de la civilización y celebramos cual gol en la final de champions que nos dieran un sándwich de jamón en el desayuno!Ya estábamos luchando por sobrevivir!
Laguna con Flamencos
El primer día fue de lagunas y geisers, previo baño en unas termas en mitad del desierto en las que fui el único valiente que me metí. Valiente que unas horas después luchaba contra el mal de altura durante casi 12 horas de total agonía y ni los caramelos de coca me aliviaban, gajes del oficio.
Después de pasar una de las peores noches de mi vida y temiendo por el resto del viaje, me armé de valor, desayuné, dosis doble de nuestro amigo el ibuprofeno y a comerme el desierto de nuevo!
3 locos en el salar de Uyuni
Este segundo día seguimos con las lagunas altiplánicas en las que pudimos ver a miles y miles de flamencos a apenas unos metros y que concluyó en el entrañable y pintoresco pueblo de Culpina K donde nos alojamos en una especie de casa particular en la que disfrutamos de la primera ducha caliente en tres días, y un buen plato de comida caliente.. y como se valoran estas pequeñas cosas!! Impagable momento compartiendo unas cervezas bolivianas con nuestro compañero francés en una taberna típica degustando plátano frito.
El último día del desierto Boliviano visitamos el cementerio de trenes, con ferrocarriles de más de 100 años abandonados en mitad de la nada y por fin la joya de la corona: El Salar de Uyuni, que es una maravilla natural en potencia para próximas votaciones.
Trucha en el Titicaca
Nos despedimos de nuestros compañeros de viaje, dimos una vuelta por Uyuni y nos metimos en un ciber que olía a gasolina y en donde estaban dando el United vs City de la premier, y donde nos enteramos de que nuestro vuelo con Aerosur de La Paz a Santa Cruz (en suspensión de pagos ) peligraba.
Decidimos seguir adelante y esperar noticias de la aerolínea por lo que nos metimos en el autobús nocturno que nos llevaría a la La Paz después de 10 horas de interminable sufrimiento por el traqueteo que ofrecen las maravillosas carreteras de tierra y piedras del país.
La Paz
Llegamos a la Paz con un taxista que o no entendía el español o no conocía la ciudad porque nos llevo a un hotel a 15 minutos del centro por equivocación y después de discutir un poco conseguimos que nos dejara en nuestro espléndido hotel 5 estrellas en el corazón de la ciudad.
La Paz es como un gran mercado ambulante en el que cada 10 metros hay señoras vendiendo fruta, comida o cualquier objeto que te puedas imaginar, y es un placer perderse por sus calles y observar la América Latina más auténtica. Todo un día caminando por La Paz nos dejó agotados ya que subiendo de cerro en cerro y recorriendo sus mercados las piernas te empiezan a fallar. Pero merece la pena subir hasta algún mirador y contemplar la forma de la ciudad, los cerros llenos de casas dentro de lo que parece un absoluto desastre y sobre todo las grandes montañas nevadas de fondo que te recuerdan la altitud de 3.200 metros que tiene La Paz.
Habíamos dejado lo mejor para el final, la visita de un día completo al Lago Titicaca y la verdad es que superó nuestras expectativas.
Isla del Sol
El viaje de 3 horas a Copacabana empezó de forma surrealista en un taxi que nos tuvo más de hora y media buscando una gasolinera que tuviera gasolina y ya casi llorando nos pedía que no pidiésemos cambio de taxi que él nos compensaría. Así fue una vez en Copacabana nos llevó hasta un lugar paradisíaco con islas flotantes y el lago de fondo en el que degustamos una trucha pescada a mano delante nuestra en lo que fue uno de los mejores momentos del viaje.
Para entrar al lago contratamos una barca privada para los tres por un más que módico precio llevándonos hasta la isla del sol, un lugar completamente virgen en el que viven 450 personas prácticamente como lo hacían los primeros pobladores incas de la isla. Una experiencia inolvidable
De vuelta a Buenos Aires la sensación era de haber tenido una de las mejores experiencias de nuestras vidas y es un viaje que recomiendo y recomendaré para siempre.
Hasta siempre Bolivia!

Miguel.

jueves, 12 de abril de 2012

Un increible viaje express: Chile

Los andes desde el avión
Aunque me gustaría haber disfrutado de la semana santa entera de vacaciones he de reconocer que esta visita al país vecino de Jueves a Sábado santos ha sido una muy agradable sorpresa. Primero porque tenía visitas de España que me acompañarían en esta pequeña aventura, y segundo porque me ha parecido una experiencia muy agradable.
Después de pasar la noche en el estadio de River, el día del gran temporal que desoló Buenos Aires, nos levantamos bien temprano para cruzar los andes en un pequeño avión de Austral, que con muchas turbulencias, nos dejaba en Santiago de Chile a primera hora de la mañana.
La primera gran noticia es el Hostel Rado, un pequeño hostel completamente nuevo, y que parecía destinado para nosotros, ya que estaba exquisitamente decorado con murales de los más grandes grupos de rock de la historia pintados por los propios dueños, pero como no podía ser todo perfecto nos tocó la habitación Madonna, pero la atención y las instalaciones hacen de él el mejor en el que haya estado nunca.
Muai de Isla de Pascua en Viña del Mar
El primer día lo dedicamos a conocer lo más importante de la capital, empezando por la casa de Pablo Neruda "La Chascona" y terminando en la preciosa Plaza de Armas en la que desde predicadores al más puro estilo Candem Park hasta amantes del Hula Hoop disfrutaban de una preciosa tarde de jueves santo.

Mural de Pink Floyd en el hostel
Se respiraba otro aire en Santiago que falta en Buenos Aires, esas calles ordenadas, poder cruzar los pasos de cebra sin tener miedo a que te atropellen, o montarte en un metro totalmente moderno, son cosas que se valoran una vez has vivido un tiempo en la capital Argentina, pero que no cambio por nada del mundo.
Para finalizar el día que mejor que compartir unas copas de ron con amigos y con la gente que te encuentras en el camino para compartir las vivencias del día.
Vista desde el Cerro San Cristobal
En el día 2 del viaje cambiamos de tercio y nos fuimos a la costa,no sin antes  negociar un buen precio por el autobús hacia Valparaiso con el personal de una empresa de turismo que quiso hacer el agosto con nosotros.
En Valparaiso no tuvimos tiempo de disfrutar de la ciudad a nuestro aire, y solo pudimos apreciar desde el autobús la belleza de los cerros poblados por mil casas de colores y desembocando en el inmenso océano Pacífico que contemplaba por primera vez en la vida.
Sin tener tiempo de poner un pie en la ciudad nos trasladan a Viña del Mar, que no tiene el encanto de Valparaiso pero tiene mucho atractivo sobre todo porque es la zona de las playas y como curiosidad se puede visitar un Muai de la isla de Pascua traído hace unos años a petición de un presidente del país.
Pero sin duda el momento que estábamos esperando, dos valientes nos atrevimos a probar las gélidas aguas del pacífico (12 grados) cuando el sol ya se ponía , pero ahí queda eso, primer baño en el Pacífico de nuestras vidas. Inolvidable.
Primer baño en el Pacífico
Ya con el cansancio acumulado tomamos un autobús hacia Santiago y dimos el día por terminado, no sin antes intentar probar la fiesta santiaguesa, sin mucho éxito ya que al parecer el viernes santo no es un día de celebración.
El último día quisimos tener una última foto de la ciudad y nos subimos al Cerro San Cristobal en un funicular que utilizó el mismísimo Papa Juan Pablo II y contemplamos la ciudad por última vez.
Hasta pronto Chile, volveré antes de lo que crees.